Me preocupan las mismas cosas que a muchas personas, desde las necesidades básicas a los recientes conflictos mundiales, también la economía y las desgracias de Japón. Mientras que el mundo sigue su curso a cada uno de nosotros nos ocupan las cosas inmediatas y cercanas. Como no, mi condición de músico me lleva a preocuparme por temas que comparados con los que comentaba antes parecen (verdaderamente lo son) superfluos, pero me preocupan.
Recientemente, en mi nueva condición de asesor musical de la Asociación de San Jorge de Alcoy, he asistido a conciertos de lo que en mi tierra se denomina "música festera" y he salido decepcionado de ver qué se programa, cómo se ejecuta y con que ligereza aplaude el público todo, desde obras penosas a directores que no saben dar una anacrusa.
Debo reconocer que me gustan las fiestas de moros y cristianos de Alcoy y la música escrita para ella. Bueno, no toda, tan sólo la buena música. Este genero, al que no considero en nada menor, en sus distintas manifestaciones: pasodoble, marcha mora y marcha cristiana, ha generado un repertorio rico. Desde el último cuarto del siglo XIX compositores de gran formación escribieron este tipo de música.
Alcoy y sus fiestas, su público y compositores han creado una manera de concebir la Fiesta, como cultura y espectáculo. Esos grandes compositores alcoyanos desde Juan Cantó hasta los actuales como rafael Mullor o José mª Valls, pasando por nombres como Camilo Pérez Laporta, Rafael Casasempere, Gonzalo Blanes, José Carbonell, Amando Blanquer... conocían las fiestas, las amaban y respetaban y dedicaban su gran saber musical, basado en los conocimientos de armonía, contrapunto, fuga, orquestación y composición, a engrandecer el género.
Los grandes artistas de todas las disciplinas han estudiado a los clásicos de todas las épocas. ¿Se imaginan a un pintor que no estudie a Goya, a un literato que no lea a Cervantes o Lorca y a un músico que no haya analizado a Bach, Beethoven, Mozart o Stravinsky?. Estos compositores alcoyanos o nacidos en otros lugares que escribían para nuestra fiesta sabían escribir, conocían los actos para los que escribían, amaban y dignificaban con sus obras las fiestas, las de Alcoy y las de sus pueblos. Por eso, muchos de ellos concurrian al concurso del Ayuntamiento de Alcoy posteriormente convocado por la Asociación de San Jorge. Entrar en las fiestas de Alcoy les daba prestigio pero, reconozcámolo, también nos lo daba a los alcoyanos.
El maestro José Mª. Ferrero de Ontinyent, el contestano Pérez Vilaplana, el murero Esteve Pastor, los todavía jóvenes Joan Enric Canet con su "Benicadell" o José Vicente Egea, con sus innovaciones, por citar algunos, han engrandecido el repertorio y nuestra fiesta. Pero...
Desde hace unos años, se ha introducido una forma de hacer la música festera que imita la escuela de compositores holandeses, italianos, americanos, etc. que copan las programaciones de nuestras bandas, compositores que escriben maravillosamente pero cuya estética, interválica, conducciones melódicas, están lejos de nuestras tradiciones. Ahora priman las texturas, las fuertes dinámicas y cambios súbitos, los efectos de sfz, la escritura casi coral, el lenguaje simple, la ausencia del contrapunto. La simpleza mal entendida, esta es la clave, el lenguaje simple y chabacano, porque ahora cualquiera sin formación, ni estudios, gente que no ha pisado un conservatorio en su vida, gente que copia y pega son los heroes musicales del momento.
Es como si hubiese una involución. Mientras que la historia de la música es una evolución del lenguaje musical que se renueva cada vez que los recursos son agotados, la historia de la música festera parece que ha culminado con quienes sabían escribir (afortunadamente sigue habiendo buenos compositores pero se recurre poco a ellos) y ahora se la está comiendo el agujero negro de la ignorancia: la falta de cultura musical del oyente. Si una mente no tiene formación ni información agradece el lenguaje más simple, más fácil de aprehender. Una mente sin capacidad de asimilar un discurso musical complejo no acepta las grandes obras de clásicos como Rafael Casasempere o Amando Blanquer, por no decir de las de José Vicente Egea o Mullor Grau. Vamos camino del "unda, unda" del hombre prehistórico... puede ser una idea, una escuadra de neandertales con garrotes mientras entonan en "unda, unda..."
Buena parte de culpa la tiene el ansia de tener una obra dedicada. Ahora cualquier escuadra hace su encargo a quien sea. Muchos compositores, de los que no tienen formación musical, "regalan" o cobran bien cobradas sus ¿obras? poniendo el nombre de conocidos, el de algún festero difunto, el de un pueblo... y así se acaban haciendo un nombre. Hace poco un festero me silbaba la melodía de su "marcha" mientras aporreaba la mesa haciendo el rítmo ¿Se cree esta persona que ser compositor es eso?. Supongamos que alguien le escribe la partitura y un día se toca en concierto. Pues bien, seguramente el público se levantará, aplaudirá y gritará bravo. Mal vamos.
En uno de estos conciertos a los que he asistido ultimamente, el público se puso en pie al finalizar las dos obras estrenadas. ¿Se ponían de pie por el recuerdo de sus amigos y familiares difuntos a quienes estaban dedicadas las piezas o por la calidad de las obras?. Si es por lo primero lo entiendo, los sentimientos afloran. Si es por lo segundo, ¡Dios mío!, que mal estamos. ¿Necesita nuestra diana o nuestra entrada de ese repertorio? ¿Aportan algo especial? Encima se comprometen a tocarlas siempre desde ahora. ¿Quiere esto decir que el gran repertorio se va a ver desplazado por estas nuevas?.
Mantener la cordura, fomentar el buen uso del mejor repertorio (en Alcoy se formaba con "Moro de Granada", "A la Meca", "La canción del Harén"...), no es algo que ninguna persona en solitario o ninguna institución puede hacer. Para ello es menester el concurso del mundo de la Fiesta: desde quienes hacen una escuadra hasta cada una de las filaes. Los encargos se hacen a quien se conoce pero no entiendo que se no se cuente con gente que sabe escribir de verdad, que conoce el gran repertorio festero, que conoce la idiosincracia de nuestros actos. No hace falta que diga nombres. No estoy pidiendo nada para mi sino para mi pueblo, para mi Fiesta, para que siga siendo grande como nos enseñaron nuestros antepasados.
Esta es la responsabilidad de quienes podemos influir: Festeros, Músicos y Público, nuestro Público el que hace que nuestra Fiesta sea lo que es.
